Anaquel

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La Catedral de Claudia Piñeiro

Por Omar González García

A las 5:48 del 16 de julio, fecha canónica si las hay, Claudia Piñeiro (Bs.As. 1960) postea en su cuenta de tuiter: “Premio Hammett para Catedrales. Me puse a llorar y no pude tuitearlo. Feliz!!!”.

Se trata de un reconocimiento más que puntual a una escritora fundamental para la literatura latinoamericana, comprometida con causas con las cuales no todo el mundo está dispuesto a comprometerse y que a ojos del jurado ha escrito una novela “no canónica”, coral y poderosa; una novela en la que, dice el jurado: “cada personaje aporta su versión a la construcción de una historia que va adquiriendo una dimensión extraordinaria”, brutalmente dolorosa, Catedrales es un golpe de realidad sobre la hipocresía, la verdad, la mentira, la vida, la muerte, el aborto, la fe, la desgracia y también, y ahí radica una de las aristas de su belleza, es también una novela sobre la amistad, el amor, la esperanza, la enfermedad y la soledad.

El amalgamiento de voces logrado por Claudia Piñeiro (Un ladrón entre nosotros, Las maldiciones, Una suerte pequeña, Las viudas de los jueves, son algunas de sus obras nodales) evidencia su buen oído, su cauda de lecturas, su capacidad de observación para lo colectivo pero también para lo individual.

Tres hermanas, diferentes y bellas, rigen la casa de Los Sardá. Y las tres encantan al lector por diferentes motivos. Porque en cada una concurren aunque no a partes iguales, cuotas de valentía, desparpajo, pasión, decisión o hipocresía; la santísima trinidad se rompe el día en que Ana –pimpollo la llama su padre, don Alfredo Sardá de nombre—muere; y muere dos veces aunque nadie puede morir dos veces, y a partir de ahí, de ese hecho terrible –la muerte— las voces surgen para narrar como si de solos de ópera se tratase o del terrible batir de poderosas baqueras que golpean al más negro cielo con desgarradores solos paridos con bombos de cuero en una noche sin antorchas ni esperanza.

A lo largo de la novela reconocemos las voces en off de Lía, Mateo, Marcela, Elmer, Julián, Carmen y Alfredo; todos entran su yo más profundo para contar su parte en esta novela deslumbrante, cruel y maravillosa, con la que Claudia Piñeiro se ha llevado a su vitrina el premio Dashiell Hammett de la 34° Semana Negra de Gijón, una cita a la cual la armada literaria argentina ha acudido de manera siempre exitosa. “Con esta distinción, Piñeiro engrosa el grupo de escritores argentinos que recibieron el Dashiell Hammett. Fueron ocho, pero dos de ellos lo recibieron dos veces, Rolo Diez y Guillermo Saccomanno. Los otros fueron Ricardo Piglia, Juan Sasturain, Leonardo Oyola, Raúl Argemí, Juan Damonte y Guillermo Orsi. Históricamente potente, la representación argentina ganó 11 de las 33 ediciones del premio”.

“Los argentinos -conjetura Piñeiro-“ –y difunde Infobae—, “tenemos una gran ventaja con respecto a otros países y es que dos de nuestros grandes escritores, de esos que son nuestros padres literarios, como Jorge Luis Borges y Ricardo Piglia, adoraban la literatura policial”. Y agregó: “La estudiaron, hicieron ensayos, Borges la tradujo y editó Séptimo círculo y con ese aval sobre un género que otros consideran a veces menor, Argentina construyó una tradición”.

Esa tradición encuentra solución en la obra ya numerosa de Claudia Piñeiro. Pocas veces cantidad empalma con calidad, en el caso de Claudia Piñeiro, no hay obra menor en su ya amplia bibliografía. Acercarse a su trabajo es entrar a un mundo donde detrás de las apariencias –sociales, novelísticas— subyacen tramas de crueldad, ambición, soledad, desvalimiento, prejuicios, instituciones en crisis y modelos fallidos de justicia. La vida misma, aunque no nos guste como es, y para ello, para que la veamos bien, Claudia Piñeiro construyó estas Catedrales. (Claudia Piñeiro, Catedrales, Alfaguara, Buenos Aires 2020-México 2021,  335 pp.).