La presión paraliza a Simone Biles

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Se esperaba todo de ella y puede que finalmente se quede en nada. La presión es tan grande en el deporte que puede incluso con sus estrellas más rutilantes, como la gimnasta estadounidense Simone Biles. Ganadora a sus 24 años de 30 medallas mundiales y olímpicas, entre ellas las cuatro de Río 2016, aspiraba a todo en estos Juegos de Tokio 2020 al haberse clasificado para seis finales de gimnasia artística. Un récord histórico que nadie conseguía desde Barcelona 92 y que todos los entendidos daban por hecho que iba a lograr. Pero ayer saltó la gran sorpresa, la mayor en lo que llevamos de Juegos, nada más empezar la primera de esas finales a las que enfrentaba Biles, la de grupos.

Justo en el minuto uno, cuando todo el mundo se preparaba para que empezara su recital en el platillo volante del Pabellón Ariake, la gimnasta hizo el peor salto de su carrera olímpica. Tras una potentísima carrera que la elevó con un salto de doble giro, cayó mal sobre la colchoneta hundiéndose demasiado y dando un paso adelante al no poder clavar el aterrizaje. Cariacontecida, se abrazó a uno de los entrenadores y salió de la pista, dirigiéndose al botiquín. Al cabo de varios minutos reapareció y, después de abrazarse con algunas de sus compañeras, se puso el chándal. En lugar de subirse a las barras asimétricas, lo hizo Jordan Chiles, que figuraba como reserva en dicho aparato.

En medio de la confusión reinante en la tribuna de Prensa, estallaba la noticia bomba: Simon Biles se quedaba fuera de la final nada más comenzar. De inmediato, la Federación de Atletismo de Estados Unidos publicaba un comunicado anunciando que se retiraba por un ‘problema médico’ y que su estado sería ‘vigilado cada día’ para las otras finales. Pero las explicaciones no convencían y desataban todo tipo de especulaciones.

En la retransmisión en directo de la cadena americana NBC, sus presentadores decían que su sorprendente retirada no se debía a un problema físico, sino mental. Pero, curiosamente, Biles seguía en la pista, animando a sus compañeras e incluso sonriendo y bailando al son de la música. Parecía liberada, como si se hubiera quitado un peso de encima. Ni más ni menos que el peso del mundo sobre sus espaldas, que el domingo había reconocido sentir en Instagram tras los fallos que cometió en la fase de clasificación para las finales.

Sin ella en el equipo, EE.UU. perdía su ventaja sobre sus potentes rivales rusas, que tomaron la delantera desde la primera rotación. Con las gradas vacías por las restricciones del coronavirus, ni siquiera los ánimos de los numerosos miembros de su comité consiguieron dar alas al equipo. Aunque las buenas actuaciones de Jordan Chiles y Sunisa Lee hicieron creer a ratos que Estados unidos podía ganar incluso sin Biles, finalmente una caída de la primera en el suelo las hizo, nunca mejor dicho, poner los pies en la tierra y darse de bruces con la realidad.

Compitiendo bajo la bandera de su comité olímpico por las sanciones por dopaje contra su país, las rusas demostraron su poderío y remataron la faena con Angelina Melnikova. Sin fallos, su estupendo ejercicio de suelo les daba tres puntos de ventaja y una victoria que sabía a oro. Después de morder la plata en Londres 2012 y Río 2016, siempre por detrás de EE.UU., las rusas acababan finalmente con la hegemonía americana gracias a la retirada de Simone Biles. Adelantándose por muy poquito a Italia, el bronce se lo llevaba el Reino Unido, mientras que China, habitual en este podio, quedaba penúltima.

Tras la entrega de las medallas, en la que Biles se colgó la de plata pese a su retirada de la final, el misterio sobre su ‘problema médico’ quedaba resuelto. «Siento que no estoy disfrutando y quería que estos Juegos Olímpicos fueran para mí, no para otras personas. A mi corazón le duele que me han arrebatado lo que más me gusta», confesaba a los periodistas en la zona mixta.

Sin tapujos, admitía que se había retirado de la final «para centrarme en mi bienestar porque en la vida hay más cosas que la gimnasia». Aunque se expresó con calma, sin nervios, no llegó a aclarar si competirá en las cinco finales que le quedan. «Ya veremos qué pasa el jueves. Vamos a pensarlo día a día. Mañana tenemos una pausa y será bueno tener un día de descanso mental. Y, sobre la herida, no. Solo mi orgullo está un poco herido», se sinceraba poniendo como ejemplo a la tenista japonesa Naomi Osaka, quien también se ha quejado de la enorme presión psicológica que sufre.

Esta crisis de Biles, que saltó a la fama en 2013 al ganar dos medallas de oro en el Campeonato del Mundo con solo 16 años, pone a prueba su fortaleza mental. En los próximos días se verá si compite en las cinco finales que le quedan. Porque un campeón no es el que nunca se cae, sino el que se levanta después de cada caída.

Vía ABC